Los que estamos desde hace años desarrollando para la web y trabajando con WordPress sabemos lo difícil que es conseguir un theme que se vea lindo, que tenga todo lo que queremos y que sea fácil de retocar para hacer cosas más locas. Es por eso que, por lo general, terminamos haciendo uno propio.
Sin embargo, hay demasiadas cosas que pesan:
- Desarrollar toma tiempo
- Diseñar toma mucho más tiempo
- Pensar un nuevo diseño es muchísimo más complicado
- Lo quiero ya
- Para esto no queremos nuestro blog
Sin embargo, desarrollar nuestro propio theme tiene demasiadas ventajas así que lo ponemos en nuestro to-do list… y lo postergamos ad eternum. Hasta que encontramos ese rincón del theme que más nos molesta y – en un fin de semana – hackeamos un theme como nosotros queremos. Y somos felices.
Al menos por un tiempo. Hasta que WP actualiza y las cosas dejan de andar; o cuando se lo damos a alguien más para que lo use; o lo publicamos y la gente quiere usarlo y nos llegan quejas y/o preguntas sobre el mismo. Y resulta que tiene los mismos problemas que los demás, sólo que a nosotros no nos molestan o no nos dimos cuenta.
Por todo eso es mi idea escribir un par de posts que sirvan de machete para armar themes de WordPress. No para que sean fantásticos ni únicos, sino para que sean útiles y durables. Para que no se rompan en cada actualización o el día que queramos cambiar algo.